Historia del bingo

El origen del bingo se sitúa, según las fuentes consultadas, en distintas épocas y lugares. No hay una certeza acerca de dónde y cuándo apareció, pero sí podemos decir con seguridad que los juegos de azar llevan con el hombre desde hace mucho tiempo. Fueron los sumerios y asirios los primeros de los que nos ha quedado testimonio de su afición a estos juegos. Ellos tallaban un hueso de animal para hacerlo funcionar como un dado, haciendo apuestas para acertar la cara que quedaría expuesta. En estos juegos no es todo dejarse en manos de la suerte, también tiene importancia (en unos más, en otros menos) saber manejarse con la probabilidad y la estadística y hacerse una idea de las posibilidades reales de ganar.

De cualquier modo, la mayoría de historiadores parecen coincidir en indicar la Europa (más concretamente Italia) del siglo XVI como la cuna de este popular juego de la cultura occidental. La historia del bingo nos va a proporcionar una amplia colección de curiosidades. Os la contamos:

Cartel de bingo de 1844. Foto: Lottomaticaitalia.

Cartel de bingo de 1844. Foto: Lottomaticaitalia.

Existen teorías que se remontan a la época previa al Imperio Romano, donde en un recipiente lleno de bolas que representaban a aldeas y ciudades se jugaban los impuestos a pagar. Con el perfeccionamiento y la evolución de las normas sobre impuestos y gobierno esta costumbre se perdió, tan sólo pervivió junto con otros juegos como una manera de divertirse asociada a fiestas organizadas por las clases más pudientes.

Seguimos con las teorías, esta vez con una de las que tienen más peso en la actualidad: la que sitúa el origen del bingo actual en la Italia del S. XVI. Allí nació en 1.530 el juego de la Lotería de Italia ( “Lo Giuoco del Lotto d’Italia”, que se sigue celebrando hoy por hoy cada sábado). Su funcionamiento era parecido al del bingo que conocemos: bolas numeradas y cartones con números aleatorios.

Ganó popularidad y se extendió por el resto de Europa popularizándose en Francia en el siglo XVIII (y allí fue rebautizado como “Le Lotto”). Los orígenes de los elementos básicos del bingo actual están aquí: cartones, fichas y un encargado de cantar los números en voz alta. Una vez más fue un juego disfrutado por las clases económicamente más solventes. Tras pasearse por toda Europa y encontrar nuevos usos más didácticos para este juego de bolas.

El bingo cruzó el océano y llegó a Estados Unidos, donde ferias locales y festividades varias lo incluían en sus veladas como una diversión más. Según se cuenta, este juego se jugaba con alubias en lugar de fichas para ir cubriendo los números cantados en los cartones de cada participante. Por eso fue llamado “Beano” (“bean” significa alubia, en inglés). Podía haber llegado hasta hoy con este nombre pero la historia a veces cambia radicalmente debido a un hecho completamente fortuito. Y en la historia del bingo también han aleteado mariposas que provocan tormentas en el otro lado del mundo. Hablemos de Edwin S. Lowe.

Edwin fue un fabricante de juguetes que como buen empresario preocupado por la investigación de su potencial mercado de consumidores, se fijó, mientras paseaba por las instalaciones de una feria que se celebraban cerca de Atlanta en 1929, en la emoción y diversión que provocaba el mencionado “Beano”.  En aquel momento se jugaba con unas tarjetas circulares con números que se cubrían con las mencionadas alubias. El momento álgido llegaba cuando se oía que alguien gritaba “beano” cuando se cubrían todas las cifras de las tarjetas.

Vista la reacción de los participantes (de las que damos fe todos los que hemos jugado alguna vez al pequeño bingo de juguete tan presente en los hogares españoles a la hora de la sobremesa), Lowe se interesó por el juego y se decidió a introducirlo en el panorama del juego de Nueva York.

Hasta aquí todo está claro, lo que los historiadores no han sabido concretar es el origen del nombre con el que ha llegado hasta nuestros días. La teoría que implica a Mr. Lowe tiene incluso dos vertientes: en una de ellas un amigo suyo, lleno de emoción al completar su cartón después de un buen rato pendiente de un sólo número, se lió y gritó “bingo” en lugar de “beano”. Otros dicen que él estaba presente cuando una dama en Georgia que estaba jugando cometió el mismo error. También hemos consultado fuentes que afirman que en tierras británicas ya se conocía por su actual nombre a este juego allá por los años veinte.

En cuanto a su perfeccionamiento, sí parece haber unanimidad en atribuirla a Edwin (no en vano se dedicaba a diseñar y fabricar juegos). Hay quien afirma que fue algún párroco encargado de montar la timba de bingo entre sus fieles el que le pidió que ampliara el número de cartones, haciéndolo más emocionante. Quizá fue así o quizá fue su experiencia en la materia, pero el caso es que se dirigió a expertos en el campo de las matemáticas para asesorarse en la introducción de un mayor número de combinaciones y por tanto de cartones. Se habla de Carl Leffler (de la Universidad de Columbia) como el artífice de esta mejora y también la víctima (se cuenta que crear 6.000 cartones de bigno podría haber sido la causa, o por lo menos el detonante, de sus problemas de salud mental).

Como ya os hemos comentado, era frecuente organizar bingos entre parroquias y comunidades como manera de recaudar fondos. Esto propició su buena fama y su popularidad, siendo un juego presente por todo el territorio de los EEUU y que se solía celebrar con frecuencia semanal.

Una familia americana juega al bingo en la década de los 50. Foto: BBC

Una familia americana juega al bingo en la década de los 50. Foto: BBC

En España, pese a que pueda parecernos que el bingo es un juego “de toda la vida”, lo cierto es que no se legalizó hasta 1977. Llevaba prohibido desde 1922, pero vistas las consecuencias sociales de no regular los juegos de azar y las ventajas recaudatorias que podría acarrear su legalización, se decidió normalizar a efectos legales una práctica común entre la ciudadanía -los juegos de azar- para que dejaran de ser algo clandestino (lo cual suele llevar aparejados muchos problemas).

El resurgir tras su autorización consiguió que muchos empresarios se aventuraran a abrir salas de bingo y se convirtió en algo muy popular en los años 80. La consigna fue crear salones donde además de poder jugar a su juego favorito, los clientes tuvieran una experiencia más amplia. Para ello se propició una cierta estética lujosa, servicio de comidas y bebidas, etc.

Hoy en día es un negocio que pervive con mucha competencia en el sector, pero que tiene un público fiel y es protagonista de tradiciones que perduran (ir al bingo el día de Navidad, etc.)

Historia del bingo online en España

Algo tarde también ha llegado España a la legalización del bingo online. Mientras en otros países, como el Reino Unido, el bingo online es muy popular, en España solo se ha regulado este juego desde mayo de 2011 y no se han concedido licencias a operadores de bingo online hasta junio de 2012.

La normativa del bingo se ha esforzado en conseguir varios objetivos prioritarios: La protección de colectivos más vulnerables (menores, etc.), la transparencia en las reglas y porcentaje de retorno, el procedimiento de autorización de las casas, la eliminación del juego ilegal y la protección de datos personales. No encontrarás una casa de bingo online en este sitio que no tenga garantía de ser un lugar de juego seguro.

Dicen que en el florecimiento del bingo online tuvo algo que ver la prohibición de fumar en otros locales, pero nosotros creemos que simplemente los aficionados han sabido encajar en su relación con la web 2.0 y las redes sociales el bingo online: Es inmediato, tienes feedback por parte de las casas (servicio de atención al cliente, de resolución de incidencias o respuesta a preguntas frecuentes) se juega desde cualquier lado con comodidad y privacidad sin perder el aspecto social del bingo. Y es que los chats y comunidades de seguidores en las redes de estas casas son parte muy importante del éxito del bingo online.

El uso del bingo online en España no es aún un tema de largo recorrido, aunque se espera que alcance la importancia que tiene en lugares como el Reino Unido, país en el que se ha otorgado el mayor premio de bingo online de la historia. Fue un bote de 7 millones de euros que fueron a parar a un hombre de 60 años de Lincolnshire en diciembre de 2012.

Los botes progresivos, que aumentan mientras no los gane nadie, son uno de los grandes atractivos del bingo online. En el caso del señor de Lincolnshire, gastó solo 30 céntimos pero tuvo la suerte de cantar bingo antes de que saliera un determinado número de bolas del “bombo” (virtual), lo que hizo que se llevara bastante más que un puñado de alubias.

Mucho ha llovido desde entonces y aún queda camino por recorrer, pero por lo pronto las casas principales de bingo online que operan en nuestro país han conseguido normalizar y hacer cotidiana su presencia en los hogares españoles. Ha sido sobre todo a través de la utilización de personajes famosos y queridos por el público como embajadores y con fuertes inversiones en publicidad.