Bingos en la pequeña y gran pantalla: “Mi chica”

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Nos apetece hacer un repaso a todas esas escenas del cine y la televisión en la que los guionistas deciden incluir un bingo en la trama y hacer a los protagonistas jugar unos cartones mientras se van cantando las bolas. Como es un juego tan sencillo y tan divertido no tiene ninguna dificultad en transmitir el entusiasmo que despierta la partida y a muchos les puede resultar entrañable ver en la pantalla a sus actores favoritos jugando al juego del bingo.

Nos hemos esforzado por encontrar tanto las escenas que todos recordamos como aquellas en películas o series que nos han pasado inadvertidas. Hoy empezamos nuestra serie con la bonita película “Mi chica“, titulada “My girl” en su inglés original y estrenada en 1991.

Se trata de una película que tuvo muy buena acogida, ya que entre su acertado reparto incluía a una de las estrellas infantiles del momento, Macaulay Culkin. Macaulay había protagonizado la película estrenada justo un año antes “Solo en casa“, que todos recordamos y hemos visto en familia.

Pero volvamos con “Mi chica” y su reparto: La protagonista es una niña de 11 años llamada Vada interpretada magistralmente por Anna Chlumski. Vive con su padre, Harry Sultenfuss  (nada menos que Dan Aykroyd), su tío Phil interpretado por Richard Masur y su abuela, la divertidísima Ann Nelson, con cuya magnífica escena tanto nos reímos en “Aterriza como puedas”. La madre de Vada falleció y la familia regenta la funeraria local, por lo que la pobre Vada vive muy en contacto con la muerte, lo que le provoca una hipocondria bastante acusada.

El mejor amigo de Vada es el entrañable Thomas, interpretado como ya os hemos adelantado por la estrella infantil Macaulay Culkin. Son inseparables y Vada además no tiene muy buenas relaciones con las niñas ñoñas de su barrio, que se burlan de ella. Además Vada está secretamente enamorada de uno de sus profesores, por lo que se matricula en una taller de literatura para adultos que éste organiza solo para poder verlo durante las vacaciones de verano.

En medio de la rutina de funerales y juegos con su amigo, aparece el personaje de Shelly DeVoto (Jamie Lee Curtis) en su autocaravana. Se trata de una chica muy moderna, adelantada a su tiempo, que responde a una oferta de trabajo publicada por el padre de Vada. Shelly se lleva una buena sorpresa cuando descubre que tiene que maquillar difuntos pero decide quedarse y empezar a trabajar.

Vada ve a Shelly como un elemento que viene a romper su delicado equilibrio familiar: es una mujer atractiva y moderna y no duda en aceptar una cita de su jefe, el padre de Vada, cuando éste se lo propone (dando pie de paso a nuestra escena favorita de la película, la escena binguera).

La cita, como no podía ser de otra manera, consiste en una bonita partida de bingo en la comunidad o parroquia, cosa muy habitual en pequeñas poblaciones estadounidenses y que contribuyó en gran medida a la popularización del bingo en este país. Pese a que el ambiente no es muy romántico ya que están rodeados de gente mucho mayor que ellos, Shelly y Harry se gustan y en un momento dado están a punto de darse un beso.

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Harry y Shelly a punto de darse su primer beso en un bingo. Imagine Entertainment

Con lo que no cuentan es con que Vada y Thomas están espiando la cita por la ventana, y mucho menos con la astucia de la niña que grita “¡Bingo!justo a tiempo para sabotear ese primer beso entre su padre y Shelly.

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Vada y Thomas espiando desde la ventana mientras Shelly y Harry tienen su primera cita en el bingo. Imagine Entertainment

La relación entre Harry y Shelly se convierte en algo serio, así que le anuncian a Vada su intención de casarse. La pequeña no se lo toma nada bien y además está en un momento delicado, puesto que su cuerpo experimenta cambios ya que está creciendo y la pobre está hecha un lío. Su amigo Thomas es su único refugio y, en una inolvidable escena, decide besarlo para ver si acaba de entender qué es lo que está pasando entre su padre y la maquilladora. Ni que decir tiene que pocos actores han conseguido reunir tanta ternura en tan pocos segundos.

A partir de ahí, la película nos tiene preparada una amarga sorpresa: en medio del campo Vada pierde su anillo de las emociones, una baratija que estuvo muy de moda en los setenta y que recogía varias supersticiones sirviendo de amuleto a las chicas de la época (tuvo su revival en los primeros noventa). En realidad se trataba de un anillo con una piedra que modificaba su color según la temperatura.

Tras tratar de encontrarlo en vano con Thomas, éste vuelve en secreto para ver si lo consigue y le da una sorpresa a su amiga, con tan mala suerte que le atacan un enjambre de abejas que le provocan nada menos que la muerte, ya que él es alérgico a su picadura.

Pocas muertes nos han dejado tan desolados como la del pequeño Thomas, pero tras unos primeros días de negación, todos los adultos alrededor de Vada se esfuerzan en demostrarle su cariño y poco a poco ésta va recuperando su vida normal, en su pequeño pueblo, y con una nueva amiguita. Os la recomendamos si os gusta el cine tierno y por si queréis ver a dos niños actores con una química y naturalidad pocas veces vista en la gran pantalla.


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